diumenge, 15 de febrer de 2009

Hikikomori



Cientos de miles de jóvenes japoneses viven inmersos en la más profunda tristeza, absolutamente desconectados de los otros humanos. A través de internet, algunas de estas personas, sobre todo mujeres, se atrevieron a contar qué les pasaba. El fenómeno crece paralelo al desajuste en una sociedad muy competitiva, donde prima la fachada frente a los verdaderos sentimientos.

Pero el silencio de los japoneses no es sólo un silencio acústico, material. Es un silencio psicológico y emocional de lo más profundo.

En muchos casos, la duración de la clausura, que a menudo acaba transcurriendo entre las cuatro paredes de una habitación y sin ningún tipo de contacto directo ni siquiera con los parientes más cercanos, se dilata varios años. Sin embargo, la dificultad no se manifiesta repentinamente, de un día para otro, sino gradualmente. Un adolescente empieza a desatender la escuela, se entristece, habla cada día menos, pierde a sus amigos... Ciertos elementos en su entorno pueden tener un papel importante, sobre todo el ostracismo o la discriminación por parte de los compañeros: porque tiene sobrepeso o acné, o un defecto de pronunciación, o proviene de otra ciudad o, simplemente, encaja mal con las reglas del grupo. Lo que dispara el encierro es casi siempre un acontecimiento aparentemente banal, una gota que hace desbordar un vaso ya lleno.Pero estas discriminaciones ocurren en todas las sociedades del mundo. Surge espontáneamente la curiosidad de saber qué es, en Japón, lo que realmente empuja a cientos de miles de jóvenes a convertirse en la sombra de sí mismos, a transformarse en apáticos fantasmas dependientes, en todo y para todo, de la familia que los ampara. De la madre que todas las noches, fiel y pacientemente, deposita una bandeja de comida delante de la puerta cerrada de una habitación que se recogerá cuando todas las luces se hayan apagado y el último ruido haya desaparecido en la casa, engullido por la oscuridad.


Los hombres no están nunca en casa. Salen muy pronto por la mañana, trabajan sin interrupción y vuelven muy tarde por la noche, tan cansados que se duermen encima de la cena. Prácticamente cada día hacen tres o cuatro horas extra, no remuneradas, o van a la empresa el domingo porque no pueden dejar el trabajo sin terminar. Hay seis días de vacaciones al año. Los terribles efectos de este sistema inhumano repercuten duramente sobre los niños, desde sus primeros años de vida.

http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/cnt_id/2909

3 comentaris:

Miquel ha dit...

La noticia la leí ayer en la revista de La Vanguardia. me dejó pensativo. Independientemente de lo competitiva o no de la sociedad, pienso que hay otros factores. El desapego de los padres, el ser un número, el significar poco por no decir nada, la falta de personalidad, la carencia de estima hacia uno mismo...Siempre culpamos a la sociedad olvidándonos que nosotros mismos somos la sociedad. Una mirada objetiva hacia nuestro interior es buena de vez en cuando. No puede ser que personas de 25 años se encierren a jugar a la play durante 13 horas seguidas...Aquí, por cierto, se están dando casos de 5 horas sin parar en preadolescentes....una abraçada

Bolero ha dit...

Estàs carregat de raó Miquel. Suposo que tot plegat és una suma de molts factors, però sobretot viure en una societat tant competitiva i exigent.

Miquel ha dit...

el ponerles un video para que callen, el no llevarlos de paseo por las tardes. el no dejar que se expresen. el no sentirse padre , queriendonos pasar por amigos. el no saber escuchar. el no saber hablar. el video. la paly. el movil. la tele.....todo es la gran mentira...la gran mierda de la mentira...no somos amigos, somos padres..y ese es el punto de vista que ha desaparecido. los jóvenes quieren tener un punto de apoyo, no un apoyo circunstancial......un dia , en tu blog, hablaré de los problemas en los que estoy inmerso con la gente joven, con sus estudios, su futuro y su porvenir.....el viernes, un niño de 14 años, a las 8 de la tarde, lloraba sin poderlo parar en una puta mesa de un puto lugar del barri de sant antoni...me siento defraudado. y tenía ( desde su punto de vista9, mucha razón y máximo argumento....será para otra ocasión....un beso